En un contexto de costos productivos crecientes, el sorgo emerge en el sector agroindustrial como una alternativa de alto valor para la producción porcina. Especialistas del sector destacan que la inclusión de este grano en las dietas de los cerdos no solo es viable desde el punto de vista nutricional, sino que se ha convertido en una herramienta fundamental para mejorar los márgenes económicos de los establecimientos.
Históricamente, el maíz ha sido el componente energético por excelencia; sin embargo, el sorgo ofrece un aporte calórico similar (aproximadamente el 95% del valor energético del maíz) con una ventaja competitiva en su precio de mercado. Esta brecha de costos permite a los productores disminuir el gasto más significativo de la actividad: la alimentación, que representa entre el 70% y el 80% de los costos totales de producción.
Desde el aspecto técnico, las nuevas variedades de sorgo de bajo contenido en taninos han eliminado las antiguas barreras de digestibilidad. Esto permite que el grano sea utilizado en proporciones elevadas durante las etapas de crecimiento y terminación, logrando índices de conversión alimenticia altamente eficientes. Además, los expertos señalan que el uso de sorgo contribuye a obtener una grasa más firme y blanca en la canal, una característica valorada en la industria frigorífica y de chacinados.
La versatilidad del cultivo también se traslada al campo: su mayor tolerancia al estrés hídrico y térmico en comparación con otros cereales asegura una oferta constante de grano incluso en campañas climáticamente adversas. Con un manejo adecuado de la molienda para optimizar la absorción de nutrientes, el sorgo se posiciona hoy como el aliado perfecto para los productores que buscan eficiencia productiva y sostenibilidad financiera.