En este marco, el salario mensual de referencia para el peón general, que
en febrero se ubicaba en $1.000.908,17, asciende progresivamente hasta
alcanzar $1.093.693,62 en el mes de mayo.
La actualización se implementa de manera escalonada: en marzo el salario
pasa a $1.035.939,96, en abril a $1.067.018,16 y finalmente en mayo alcanza
los $1.093.693,62.
Si bien la actualización permite comenzar a recuperar ingresos, no alcanza
a compensar el deterioro acumulado del poder adquisitivo. El salario rural
arrastra un atraso estructural histórico que este acuerdo no logra revertir en
su totalidad, aunque representa un paso necesario en el contexto actual.
Cabe destacar que el acuerdo se da en un escenario particular, marcado por
la transición del sistema de fijación salarial en el ámbito de la Comisión
Nacional de Trabajo Agrario (CNTA) hacia esquemas de negociación colectiva
bajo la Ley 14.250, lo que ha generado demoras en la actualización de los
salarios del sector.
Las modificaciones introducidas en el régimen laboral agrario debilitan
herramientas históricas de protección para los trabajadores rurales, en un
sector atravesado por la estacionalidad, la informalidad y la desigualdad
estructural, ahora con un reducido rol de la CNTA y condiciones alteradas de
negociación.
Mientras el sector registra niveles récord de producción, los salarios rurales
continúan en niveles que no reflejan ese crecimiento. El trabajador rural no
puede seguir siendo la variable de ajuste
Por ello, la UATRE mantendrá un estado de seguimiento permanente de la
evolución salarial y promoverá nuevas instancias de negociación, dejando
expresamente planteada la necesidad de avanzar hacia una recomposición
que revierta el atraso acumulado del sector.