La falta de actualización de la ley de semillas en Argentina, que data de 1973, y la adhesión al antiguo convenio internacional UPOV-78, representan una seria amenaza para la competitividad del sector agroindustrial del país. Un reciente análisis académico subraya que esta situación genera incertidumbre legal y desalienta significativamente la inversión en nuevas tecnologías.
El libro titulado “Innovación en el agro argentino. La política económica de los derechos de propiedad intelectual en semillas”, advierte que, en las últimas dos décadas, Argentina perdió más de la mitad de la participación de inversores foráneos en la solicitud de registro de nuevas variedades de semillas.
El estudio, que abarca el periodo entre 1999 y 2021, detalla que la participación de empresas extranjeras en la presentación de nuevas variedades cayó del 59% al 25,4%, una disminución superior al 56%. Este declive contrasta con la tendencia observada en países competidores:
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Brasil experimentó un crecimiento en la participación extranjera, pasando del 9,9% al 41,2%.
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Estados Unidos (que utiliza un sistema de patentes) mantuvo un nivel estable, alrededor del 53%.
La consecuencia directa de mantener un marco legal obsoleto es la pérdida de atractivo para la innovación extranjera. Mientras competidores regionales y globales avanzan con normativas que garantizan seguridad jurídica y una sólida protección de la inversión, la inacción argentina frena el desarrollo tecnológico en el campo.
Expertos en el sector señalan que sin innovación en semillas, se resiente directamente la productividad, y sin productividad, se compromete la competitividad en el mercado global. La modernización legal se presenta como un factor clave para atraer el capital necesario, generar empleo y asegurar el protagonismo de Argentina como potencia agrícola.
fuente: Todo Agro