El sector vitivinícola argentino ha manifestado su profunda preocupación por la erosión de su rentabilidad. A través de un comunicado, la cámara Bodegas de Argentina señaló que la producción de vino se encuentra estancada debido a una estructura de costos creciente y una carga fiscal que impide competir en igualdad de condiciones con otros países productores. El reclamo principal se centra en la necesidad de una baja de impuestos y la eliminación definitiva de las retenciones para todos los productos de la cadena.
Desde el sector explican que, aunque la calidad del vino argentino es reconocida globalmente, los márgenes de la producción se ven afectados por la inflación y los tipos de cambio, lo que dificulta sostener la presencia en góndolas extranjeras. «Sin una adecuada competitividad fiscal, es imposible atraer las inversiones necesarias para modernizar los viñedos», advirtieron los empresarios. El pedido busca aliviar la presión sobre las economías regionales, que generan miles de puestos de trabajo en el oeste del país.
Para los referentes de la industria, la producción de valor agregado debe ser una prioridad nacional. La vitivinicultura no solo es una actividad agrícola, sino una marca país que tracciona turismo y divisas. Por ello, insisten en que una reforma tributaria que contemple las asimetrías del sector es el único camino para que el vino argentino recupere el terreno perdido en los mercados internacionales y asegure la sostenibilidad de las bodegas pequeñas y medianas.